FROOME Y QUINTANA, INICIO MALDITO


La máxima de que la primera semana del Tour pasa factura y se cobra sus víctimas entre los favoritos no ha estado ausente en la primera etapa de la 105 ediciónen la que el caos se ha adueñado de la carrera en sus diez últimos kilómetros.

Algunos de los aspirantes a conquistar el maillot amarillo en París, como Chris Froome (Sky), Nairo Quintana (Movistar), Richie Porte (BMC) o Adam Yates (Mitchelton Scott), se han visto inmersos en un caos que, además de los daños psicológicos, también les ha dejado un lastre para el futuro de entorno a un minuto.

El Tour no lo han perdido, pero es evidente que esta situación no entraba en sus planes y ahora deberán empezar a plantearse como recuperar.

Por delante entraban el italiano Vincenzo Nibali (Bahrain Merida), siempre atento a sacar el máximo provecho cuando la carrera alcanza su máximo nivel de complejidad, junto a los españoles Alejandro Valverde y Mikel Landa, el holandés Tom Dumoulin (Sunweb), el francés Romain Bardet (AG2R) o el colombiano Rigoberto Urán (Education First), entre otros, arañaban unos segundos que el futuro dirá el peso específico que pueden tener en la resolución final de la carrera.

A los damnificados les tocará restañar las heridas físicas y morales sufridas en un contratiempo inesperado, en una jornada que se había desarrollado con la lógica tensión del primer día y que parecía dirigirse a ser solventada sin excesivos problemas.

La multitudinaria caída a diez kilómetros del final, o el bordillo que obligó a Nairo Quintana a cambiar de bicicleta cuando la zona de protección para averías o caídas se entreveía en lontananza, se encargaron de demostrar que “el Tour siempre se cobra su factura”.

Estos nueve primeros días de carrera, con sus casi 1.800 kilómetros, eran temidos por circunstancias tan diversas como las siempre inevitables caídas, la posibilidad de abanicos la primera etapa, la presencia de una contrarreloj por equipos o los adoquines camino de Roubaix donde nadie quiere perder del Tour, aunque allí nadie lo ganará.

Eusebio Unzue, director del Movistar, ya dejaba entrever en la comparecencia previa al comienzo con sus tres líderes, Nairo Quintana, Alejandro Valverde y Mikel Landa, que el Tour es “una máquina de triturar ilusiones” y que estos nueve días encerraban “demasiadas trampas y dificultades”.

Por eso emplazaba al día siguiente de Roubaix, tras la novena etapa, para tener una idea más cercana de analizar con mayor detenimiento sus opciones de luchar por el amarillo.

En la 38ª comparecencia del equipo que ahora patrocina Movistar, Unzue con sus declaraciones acertaba al no querer analizar nada antes de cumplir sin contratiempos ese primer bloque de la Grande Boucle.

“Tenemos que esperar a la etapa 10 y ver qué ha pasado después de esos casi 1.800 kilómetros y qué nos permite la carrera y cómo tenemos los líderes. Necesitamos que pasen los primeros 9 días”, precisó.

Sin pretender ser excesivamente agorero, lo que tal vez no intuía en su análisis es que al final de los primeros 201 kilómetros ya iba a ser necesario hacer un primer balance de daños y perjuicios, así como también de algunos de los beneficios.

En el caso de los telefónicos, el fiel de la balanza se quedaría en un cierto equilibrio, pero sin entrar a valorar el daño cualitativo que puede suponer el minuto y quince segundos cedidos por Quintana.

Como colofón a su reflexión apuntaba que por el momento la estrategia de su equipo iba a ser la de “mantener la regularidad durante tres semanas, algo que a veces no te permite admitir riesgos”, aunque éstos hayan llegado inopinadamente.

El que quizá reflejaba de forma más fehaciente lo acontecido era Mikel Landa: “ha sido una catástrofe y un desastre” y ello reconociendo que los tres primeros cuartos de la etapa los habían tenido “controlados”. EFE