DOPAJE MECÁNICO: UNA TRAMPA DIFÍCIL DE DETECTAR

El húngaro Istvan Varjas, que pasa por ser el pionero de la tecnología de motor escondido en las bicicletas de competición, aseguró que no existe “el método perfecto” para detectar esta trampa

“Por el momento no existe un método de detección perfecto” de este fraude tecnológico, aseguró en una entrevista, que desarrolló sus primeros prototipos a comienzos de los años 2000.

“Los ciclistas no hacen trampas solos: a menudo, los motores están escondidos en las ruedas y controlados a distancia, desde un coche, por ejemplo”, añadió

Dopaje Mecanico

Varjas, alertó de la utilización de motores, afirma que la UCI obstruyó la investigación policial.

“La gendarmería me preguntó cómo se podían detectar motores en las bicicletas y yo les expliqué el método cómo debían hacerlo.

“Las cámaras térmica no son siempre eficaces, porque si los ciclistas saben que les están controlando, desconectan el sistema y le dejan tiempo para que se enfríen y ser así invisibles”, argumentó.

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“Los ciclistas no hacen trampas solos: a menudo, los motores están escondidos en las ruedas y controlados a distancia, desde un coche, por ejemplo”
Cuando los policías se presentaron el Tour para hacer este tipo de controles, fueron personas de la UCI las que no dejaron que se hicieran”.

Así explica el ingeniero húngaro Istvan Varjas, inventor del dopaje mecánico en el ciclismo, su experiencia durante la pasada edición del Tour de Francia.

“Los ciclistas no hacen trampas solos”

Lo hizo en un programa de radio de Irlanda, Off the Ball, donde sugirió el poco interés de la UCI en luchar eficazmente sobre este novedoso sistema que, hasta ahora sólo se ha detectado en el Mundial de ciclocross, en la bicicleta de la ciclista belga Sub-23 Femke Van den Driessche

De hecho, Varjas fue más allá: “El escándalo no es si se están utilizando o no motores en las bicicletas, sino el hecho de que los que deben detectar las trampas no lo quieren hacer, por lo que son cómplices o algo así”.

La UCI llevó a cabo numerosos controles durante el pasado Tour de Francia, hasta se publicitó el sistema con el que los detectarían, al que catalogaron como el “mejor posible”.

Esta tecnología “es ilegal cuando se utiliza en competición. Yo soy un fabricante, yo produzco y vendo, pero no sé dónde acaban mis productos”, concluye.